[Reseña cine] El Cordero: Suspenso a la chilena

El cine de suspenso, o thriller, ha sido uno de los géneros más explotados en la industria nacional en los últimos años —considerando aquellas obras que llegan a estrenarse comercialmente, claro— y quizá una de las razones que expliquen este fenómeno sea que dicho género llame más la atención del público chileno. “El Cordero” no es la excepción, y este jueves 30 de marzo llega a nuestras salas con la esperanza de no continuar la maldición de sus predecesoras, y conseguir estar más de dos semanas en cartelera.


El Cordero, dirigida por Juan Francisco Olea, nos cuenta la historia de Domingo (Daniel Muñoz) un padre de familia y devoto cristiano, que, al matar accidentalmente a una persona, da cuenta de su incapacidad para sentir culpa, lo que poco a poco lo llevará a tocar los límites de la psicopatía y lo hará enfrentarse a las repercusiones que tendrán sus acciones, tanto en su vida personal, como con aquellos que lo rodean. 


Dentro de lo que es el cine de suspenso, El Cordero logra plasmar lo más puro de este género en las escenas en que debía hacerlo. Un excelente manejo de la tensión en las escenas importantes, especialmente en las primeras, donde cuesta encontrar un respiro gracias al buen manejo de recursos por parte del director. En este sentido, la película no falla en usar los elementos clásicos del suspenso cinematográfico, como el uso de poca luz, los ritmos de escena más lentos previos al desenlace y la entrega de poca información al espectador. Otro punto a favor es el gran trabajo de su elenco principal. Por supuesto, Daniel Muñoz, como ya nos tiene acostumbrados, entregando una muy buena actuación que a su vez se apoya del muy buen trabajo de los demás miembros del reparto como Roberto Farías, Trinidad González, Julio Jung e Isidora Urrejola.

En lo que respecta a la historia, podría decir que El Cordero posee un guion muy funcional, al menos en los tres primeros cuartos de la película. La historia logra retratar una arista del Chile de clase media/baja más conservador y religioso de manera muy acertada y sin caer en prejuicios ni estereotipos. Además, es coherente en su desarrollo aún sin ahondar más allá de lo superficial en relación a las motivaciones que llevan al protagonista a tomar parte en sus acciones. Sin embargo, en los momentos cercanos al final de la película, se pierde esta coherencia que se venía manteniendo, dejándonos con escenas que parecen forzadas y carentes de la profundidad necesaria para justificarlas. Esto nos deja con una sensación final un poco amarga, por cuanto la película no logra transmitir ese impacto al que realmente apuntaba.


A pesar de todo esto, los dejo con este pensamiento final: El Cordero me pareció una apuesta muy arriesgada —y en el buen sentido—, pues gran parte de los riesgos que tomó dieron frutos, particularmente en el suspenso que logra generar y como además retrata el perfil de una persona que comienza a experimentar los primeros indicios de la psicopatía. Ya de por sí estos dos elementos son suficientes como para captar la atención del espectador. Es por eso que, en definitiva, El Cordero es una película que vale la pena ver en la pantalla grande.


 Por José A. Pino
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